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miércoles, 4 de noviembre de 2009

Cuatro de noviembre...


"Si me dices que vienes a las cuatro, desde las tres empezaré a ser dichoso"
Antoine de Saint-Exupèry

Quiero contarte una historia. La historia de un encuentro y de las palabras mágicas que brotaron después, las últimas palabras mágicas que salieron de mi pluma.

Sucedió hace exactamente tres años. Un cuatro de noviembre como hoy. Paseaba, por primera vez, por las calles otoñales de una ciudad que me ha visto morir y nacer de nuevo. Florencia me aturdía. Me aturdía la belleza de cada uno de sus rincones, esa bocanada de eternidad que te regala cada vez que respiras, esa extraña sensación de pertenencia, de nostalgia que te muerde el alma. Llegué a la Piazza della Signoria y me encontré con tu imagen, eterna e impasible ante los acontecimientos, en la Logia. Te miré a los ojos, con temor al principio, no en vano se dice que tu mirada puede volver piedra a los hombres y quién sabe si a las mujeres, pero tuve el valor de mantenerte la mirada y entonces descubrí que detrás de esa máscara, de esa apariencia de monstruo, sólo se escondía la mirada asustada de una doncella.

Entonces empecé a escuchar tu voz, al principio era un suave silbido, el siseo de las serpientes de tu cabeza, pero poco a poco, y, afinando el oído, pude escuchar claramente una historia: me hablaste de ti, de cómo eras las doncella más bella del templo de Atenea, hasta que fuiste raptada y violada, y la furia de la diosa te dio apariencia de monstruo. Me dijiste que a veces sucede esto en la vida; que un acontecimiento casual hace que pases de ser pura, transparente, auténtica, a refugiarte detrás de una máscara, a mentirte a ti misma y a los demás sobre lo que tú eres. Me dijiste que no tuviera miedo de las serpientes que porto en mis cabellos, ni de las garras que otros puedan ver en mis pies. Me dijiste que lo importante es que el espejo no me devuelva una imagen deformada de mi misma, que lo que ellos quieren ver no es lo que verdaderamente soy. Me dijiste que defendiera mi terreno como una loba, que no tuviera miedo de los miedos de los demás, que no escuchara más que las voces de dentro y que me arrodillara solamente ante los deseos de mi propio corazón…

Hoy quiero darte las gracias. Gracias por todo aquello que, en tan poco tiempo, me enseñaste. Me enseñaste a no bajar la mirada, a perder el miedo a mi propio poder, me enseñaste a mostrarme tal como soy, sin la armadura del miedo en mi corazón, desnuda y vulnerable. Me enseñaste la belleza de la sensibilidad y la fortaleza de la vulnerabilidad. Me invitaste a aparecer con las manos extendidas hacia el mundo y gritar: “Miradme, soy así, bella y débil, y os entrego mi corazón a cada paso, sabiendo que si queréis podéis hacerlo pedazos”. Me enseñaste a no adoptar roles y a ser yo misma en cada momento. No sabes cuánto te lo agradezco...

Lo que vino después…ya lo conoces. Una historia mágica, un secreto verde intenso que comparto sólo con la luna y con las hadas, porque sólo los seres mágicos saben de historias increíbles…

Pronto estaré de vuelta. Pronto podré volver a mirarte a los ojos y a pensar eso de que Perseo no fue tan héroe al fin y al cabo. Pero hoy, por ahora, quiero desear un feliz día a todos los que forman parte, como tú, de esa bellísima historia de amor. Gracias, Medusa.


"A próxima vez que a lúa chea reine no ceo de Florencia,

e se ilumine Medusa nas mans de Perseo de novo,

pensa que no nordés xeado hai unha muller, unha feiticeira,

que agradecerá eternamente sentir un intre

as tuas mans rozando as suas cadeiras"

De "Tal vez"


jueves, 15 de octubre de 2009

"Ojalá estuvieras aquí..."


de Tam tam go...


Hacía tiempo que no me sorprendías por la espalda. Te traigo a mi pensamiento día tras día (y últimamente más que más, por aquello de la visualización creativa...), pero hoy cuando venía hacia el trabajo, me ha sorprendido tu sonrisa, clara y nítida, en mi cabeza. Caminabas, yo iba detrás de tí, cogida de tu mano. Te girabas y sonreías. Sólo sonreías...

Yo seguí andando. Creo que alguien me saludó, pero ya sabemos que me pierde lo despistada que soy, y, además, para qué mentir, mis pensamientos caminaban por otras calles... Calles que pronto espero hacer mías de nuevo, rincones de cuento de hadas que anhelo pasear de la mano de la esperanza que ahora mismo sólo tú puedes devolverme...

Llegué a la oficina, reinicié el equipo, hablé con Conchi desde el aeropuerto, diluyendo tu imagen entre avisos al último pasajero, llamadas de atención para que no pierdas de vista tu equipaje y vuelos que se retrasan... Colgué, me puse a trabajar: llamada para encontrar lo imposible para Navidad, hotel al otro lado del charco "carísimo", menú para congreso en balneario... y entre mails, faxes, expedientes y milagros, tu sonrisa, sólo tu sonrisa...

Me pregunto si te ocurre en ocasiones, si te sorprende mi presencia, si extrañamente sientes, a kilómetros, el latido de mi corazón. Sabes que a mí, sí me sucede, que ahora mismo sólo esos momentos pueden salvarme, que sólo esos instantes apartan de mí el miedo. Me dijiste un día que no quedaba tiempo, que la vida hay que cogerla al vuelo, apretarla fuerta entre los dedos y no dejarla escapar. Mi vida se me escapa de entre las manos sin que pueda salvar apenas nada. Sólo puedo salvar una cosa. Sólo una. Sólo tu sonrisa...
T.V.B.

martes, 19 de mayo de 2009

Un sueño...



No suelo compartir mis sueños más allá de las hadas. Me parecen demasiado íntimos, y además, no todo el mundo les da la importancia que tienen para mí. Por eso, creo que nunca te he contado un sueño. Quizás porque siento ese miedo de no poder compartir contigo lo que para mí es importante, porque los sueños han sido para mi el gran timón que ha dirigido mi rumbo en muchas ocasiones.




Este sueño quiero contártelo, sobre todo por el momento en que llega. Porque llega cuando tengo más dudas, cuando siento que quizás todo esto no tenga más sentido que el que yo misma he querido darle, cuando quiero más que ninguna otra cosa mirarte a los ojos y decirte que cada segundo de mi vida ha merecido la pena para llegar a ese momento dorado que espero, sin saber si puedo seguir ya esperando.




Soñé que iba en un avión que se convertía en autobús, que iba con Isolda sentada en la parte delantera y que Oissel se acercaba a preguntarme si podía cambiarle el sitio. No me hace mucha gracia pero termino aceptando y me voy a sentar en la parte de atrás. Tú estás en el asiento de al lado, pero no te reconozco. De repente el bus frena porque hay un accidente horrible, tú me estrechas contra tu pecho y me pides que no mire. Escucho el latido, claro y nítido, de tu corazón. La sensación es tan real que puedo mezclarme con cada uno de tus latidos, pum, pum, pum, pum, como si de algún extraño modo estuviera dentro de ti. Después, no se bien como, aparezco caminando por la calle, pensando en ese “ultimátum” que no deja de rondarme estos días. Pensando en si ha merecido la pena, pensando en si tú no serás la causa de que halla dejado de lado cosas demasiado importantes para mí, pensando en que quizás a medida que soy más tú, soy menos yo; pensando… Me voy encontrando con grupos de gente que hablan entre ellos, pero cada vez que uno me alcanza dice la misma palabra…tu nombre… Así que, una vez más, no se que significa nada y, la verdad, me siento bastante perdida. Pero tú me enseñaste la importancia de estar presente, de vivir el momento sin crear expectativas, así que, trataré de luchar contra mi naturaleza mercuriana y dejaré de pensar. Al fin y al cabo, sucederá unicamente aquello que tenga que suceder...

T.V.B.
"...y el amor viene y va y regresa
y la ciudad es el testigo de sus abrazos
y crepúsculos de sus bonanzas y aguaceros
y si el amor se va y no vuelve
la ciudad carga con su otoño
ya que le quedan sólo el duelo
y las estatuas del amor”
Mario Benedetti
Buen viaje, maestro!

jueves, 2 de octubre de 2008

Santa Lucia - Lido 08 de noviembre...

Suena Fergie "Finally"


Llevaba tiempo queriendo escribirle. Quizás usted no se acuerda de mí, aquella chica de mirada perdida que viajaba en el vaporetto número 1 una fría tarde de noviembre de hace casi dos años, pero yo no he podido olvidarme de usted ni de sus palabras. Me dijo que no perdiera la esperanza...Justo en el momento en que lo daba todo por perdido, en el que la niebla no me dejaba ver más allá de mis propias lágrimas, apareció de la nada y simplemente me dijo que no perdiera la esperanza. En aquel momento se me acababa de hacer un agujero en el alma, me invadía la mayor sensación de pérdida que he sentido jamás, lloraba sin querer dar sentido a mi tristeza...Todo era tan irreal...y, sin embargo, estaba ocurriendo... Cerré los ojos queriendo volver atrás, sin conseguirlo, resignándome a entender que el tiempo sólo avanza en una dirección. Quise que volviera a brillar la luna llena...pero ya era cuarto menguante...




Sin saberlo estaba negándome a aceptar la importancia de lo que había sucedido, negándome a aceptar que las cosas nunca serían como antes, porque yo ya no era la misma...Culpa de Medusa, del verde, de la vida o de las intenciones no sinceras, pero me había dejado atrás. Me empezaba a reinventar, a punto de renacer de entre las cenizas de la que había sido...




Me dijo que no perdiera la esperanza...En el momento preciso. y sujeté sus palabras fuertemente entre mis manos...


Grazie, Signore.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Que Campanilla te guarde...


A Gov...


Esta noche, hace un momento, has vuelto a sorprenderme por la espalda. Como siempre, cuando estoy sentada frente al ordenador o tumbada encima de la cama con la mente perdida en quién sabe qué utopías, apareces de repente detrás de mí, me das un beso suave en la mejilla y vuelves a deslizarte por la ventana...

Me siento una suerte de Wendy atada a los pies de Peter Pan, volando rumbo a esa luna mágica que nos da y nos quita la vida al mismo tiempo, cada segundo, cada instante de esos que no entiendo ya sin tu mirada... Y aquí me tienes, detenida en un tiempo que no entiende de relojes, en un ahora y siempre que comenzó cuando aún no era quien de entender el significado de las cosas, poniendo toda la fuerza de mi corazón al servicio de un destino que no alcanzo a vislumbrar todavía. Resistiendo los envites de cada ola de soledad, de nostalgia, de noches en las que el único que encuentra hueco es el silencio, desterrando al miedo, que quiere ocupar tu lugar y compartir así mi cama...


¿Sabes? A veces se me hace difícil... Supongo que ya lo sabes, a veces me fallan las fuerzas y, como cualquier guerrero, y como tú, en ocasiones, también he tenido la tentación de tirar la toalla, dejar de caminar ese sendero de baldosas amarillas, curarme las heridas y simplemente descansar. Arrojar fuera de mi toda la melancolía que llevo en los zapatos y dejar de sentirme extranjera en mi propio faro. Pero ya no pertenezco del todo a mi mundo de lluvia, magia celta y antiguas tradiciones. Ahora soy un poco del verde de tus ojos y de las piedras que vieron nacer esta historia una fria noche de invierno... Y así quiero seguir...meciéndome en esa luna que me habla de tí hasta que llegue el sueño esta noche.